Cuando se produce una emergencia nuclear primero se aplican medidas en una fase urgente, como el confinamiento o la evacuación de la población, y luego otras a largo plazo, como el realojamiento en zonas seguras o el retorno. La elección de una u otra medida se realiza en base a unos ‘niveles de intervención’ o dosis de radiación (medidas en milisievert, mSv), que son diferentes entre los países europeos.

Ahora el grupo de trabajo ‘Preparación de Emergencia y Niveles de Acción’ (EPAL, por sus siglas en inglés), un equipo de expertos en protección radiológica que trata de armonizar las respuestas en Europa frente a una emergencia nuclear, presenta en la revista Health Physics una metodología para unificar criterios y orientar en la toma de decisiones.
“Este trabajo muestra la coherencia que deben tener las diversas medidas de protección de la fase urgente respecto a las de la fase del largo plazo, ya que si, por ejemplo, el nivel de intervención para realojar a las personas se establece muy bajo respecto al de confinamiento, se podría producir la situación absurda de realojar a las personas fuera y no haberlas confinado antes, con la consiguiente exposición al paso de la nube radiactiva”, indica a SINC José Manuel Martín Calvarro, jefe del Área de Planificación de Emergencias del CSN y miembro del EPAL.
Para ayudar a los gestores tras un accidente nuclear, el equipo ha desarrollado un método en ‘dos pasos’. En el primero se calculan unas dosis y cocientes de referencia, para que, en el segundo, las autoridades puedan confirmar que han adoptado la medida de protección más adecuada.













